En este pequeño
librito, quiero compartir con todos ustedes este regalo que un día no muy lejano recibí
del Padre: vivir con toda una comunidad, una bella historia de amor.
Descubrí también en estos años que el sabor de la Alegría
compartida es mucho más valioso. Puedo decirles desde lo más hondo de mi ser, que
gracias a ustedes, pude vivenciar el verdadero sentido de "prójimo", y pude
gozar en comunidad el gozoso don del DAR, que me ha enseñado mi padre.
A lo largo del este libro,
nombré algunas veces a Anthony de Mello, por eso quiero concluir el mismo con las
siguientes expresiones de dicho autor, que me han servido de inspiración para iniciar
este obrita, que también es una búsqueda de lo eterno.
"Primero", les
dijo, "Dios me condujo de la mano al País de la Acción, donde permanecí una serie
de años. Luego volví y me condujo al País de la Aflicción, y allí viví hasta
que mi corazón quedó purificado de toda afección desordenada. Entonces fue cuando me vi
en el País del Amor, cuyas ardientes llamas consumieron cuanto quedaba en mí de
egoísmo. Tras lo cual, accedí al País del Silencio, donde se develaron ante mis
asombrados ojos los misterios de la vida y de la muerte."
"¿Y fue ésta la fase
final de tu búsqueda?", le preguntaron.
"No", respondió
el Maestro. "Un día dijo Dios: " Hoy voy a llevarte al santuario más escondido
del Templo, al corazón del propio Dios". Y fui conducido al País de la Risa". |