Epílogo
Estos comentarios acerca de los momentos que vivo con Ale, han sido para mí sumamente
gratificantes, porque me permitieron revivir algunos de los instantes ricos que viví y
vivo con él, pues muchos de ellos se repiten con mayor o menor frecuencia, pero, siempre
con una novedad tan rica como la anterior.
En realidad, nada es
totalmente fiel a la experiencia vivida, porque al contarla ya pierde espontaneidad, y por
ende, fidelidad. Pero, no obstante, pude recrearme con total alegría, y especialmente dar
gracias a Dios por regalarme este compartir mi vida con un niño tan especial y querido
para mí.
Vivir con Ale, me ayudó a
descubrir cómo el hombre: varón o mujer, es capaz de recrear el Ángelus de María en su
propia vida.
En estos momentos narrados,
aparece el de la anunciación: cuando nuestro corazón se abre para recibir a todo
hermano; cuando nos decidimos a aceptarlos así como son, y en consecuencia, aceptar el
peso de esa cruz; y también, el compartir su vida de cada instante.
Con esto no puedo decir que
se agotan mis vivencias con Ale, porque la riqueza de su vida, como la de todo ser humano,
es inimaginable e inagotable.
Quiero, también compartir
con esta comunidad que en muchas oportunidades me brindó su aceptación y cariño, todos
estos momentos que vivo con Ale, porque son muchas las experiencias felices que le regalan
día a día, en su caminar por las calles de Daireaux. GRACIAS.


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