Prólogo
Hace mucho tiempo deseaba escribir estas breves páginas acerca de mi vida compartida con
Alejandro. Ale, como me gusta llamarlo.
Sé que no es fácil para
los que miran desde afuera, tampoco lo es para mí. Supongo que para ningún padre educar
es tarea simple. Ya sabemos cuánto cuesta hacerlo y muy especialmente en estos tiempos.
Pero, mi deseo de escribir
no es precisamente por ello, sino para compartir con los que así lo deseen, las vivencias
maravillosas que podemos experimentar con un niño especial. Vivir con Ale es una gran
aventura de amor. (Creo que esto lo experimentará cualquier padre de un niño igual).
A veces, los adultos
pensamos que sabemos todo. Un niño convencional, o normal, como queramos, es tan
inteligente que no da mucha importancia a lo que queremos indicarle. Simplemente hace la
suya, y generalmente lo hace bien. En cambio, un niño con las dificultades de Ale,
necesita un seguimiento más continuo, y entonces surge el gran desafío: ¿Cómo debe ser
ese seguimiento? ¿Respetamos siempre sus decisiones? Mi experiencia, me dice que la
tienen.
En mis largos años de
compartir todos nuestros momentos, fui aprendiendo cuáles son sus deseos más
recónditos, sus alegrías, sus dolores, en suma, cómo son sus vivencias. Mas, lo más
rico fue aprender a gozar con él, a alegrarme con él, a sufrir, es decir, a compartir
todos sus momentos. Y esto, se transformó en una manera de vivir sumamente cautivante.
Quiero compartir con Uds. muchos de los momentos vividos con Ale; los de cada día,
nuestros encuentros cotidianos, los que no lo son, los momentos de muchas y profundas
alegrías, como aquéllos duros por el dolor.
En algunos momentos resaltan los acontecimientos más cotidianos, casi anecdóticos, y
quizá, por ello, más ricos. En otros, los momentos son más generales y se asemejan unos
con otros, pero todos tienen su impronta personal, y por ende, su novedad. Porque, aunque
las vivencias parezcan ser las mismas que otras, siempre tienen unas esencia diferente, y
me atrevo a decir, un mensaje original que intento descifrar y comprender, pudiendo ver
así, esos pequeños logros de cada instante.
No obstante, en estas páginas quiero resaltar cuán misteriosos son los encuentros de Ale
con Jesús y con María. Son vivencias que me llevan al enmudecimiento.
Sé que para percibir todo esto, es necesario compartir con él muchas horas, días y
años. También siento que debo anonadarme, a fin de permitir que él invada mi ser más
profundo para que la comprensión sea más rica.
Vivir con Ale, es una aventura de amor ininterrumpida. Con él descubrí que el amor
es la forma de vida más adecuada para ser feliz. Él es todo amor.
Y ya sabemos que vivir con amor es todo una aventura.


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